Se estrena segunda parte de la trilogía ‘La Ambición Destruye’
AMORES PELIGROSOS: LA AMBICION DESTRUYE
Con la actuación de Juanita Arias, Marlon Moreno, Kathy Sáenz, Jean Paul Leroux y Felipe Cortés, el director Antonio Dorado entrega la segunda película de la trilogía basada en la premisa ‘La ambición destruye’, que se estrena en Colombia en el mes de octubre.
Amores Peligrosos son historias de amor que narran algunos hechos ocurridos en la ciudad de Cali en el trágico año 89. La tercera parte de la trilogía será Ópera Salsa, un musical que narrará el desencanto del narcotráfico y fuerza del baile y la música como opción de vida.
La primera parte de la trilogía, El Rey (2004), fue la primera película colombiana en emplear a conciencia el género del cine de gangster, para narrar a través del retrato de un bandido, el origen del narcotráfico en el país, cuando desde los años sesenta un personaje apodado „El Grillo‟ introdujo el negocio de la droga en Colombia, en complicidad con un norteamericano perteneciente a los Cuerpos de Paz.
En Amores Peligrosos, que se desarrolla a finales de los años ochenta en el auge de los carteles de la droga, se recrea la tragedia de la descomposición social de las víctimas de una ciudad colombiana, a través del retrato de una adolescente: Sofía, quien no es una asesina, drogadicta, mula o narcotraficante. Es simplemente una joven que en el afán de vivir, transita por un laberinto plagado de personajes oscuros que pretenden atraparla.
“Es un relato trágico, lírico, violento, irónico, formalista y depurado a nivel visual y sonoro. Es una búsqueda para hablar y reflexionar sobre el amor, la vida, la muerte y la peste que se toman una ciudad”, afirma su director Antonio Dorado.
“Amores Peligrosos emplea el dispositivo de la tragedia como estrategia narrativa para hacer catarsis sobre la experiencia nefasta de descomposición social que se vivió en una ciudad. Se ha vuelto un lugar común culpar al cine que cuenta historias de narcotráfico. Y creo que hay miradas y matices, que invitan a hacer una reflexión sobre lo que nos ocurrió o lo que está ocurriendo”.
“Los años ochenta fue un periodo terrible para el florecimiento de este negocio ilícito y no se originó por culpa del cine, porque las pocas películas de la época no contaban estas historias. El narcotráfico no se estimula o se acaba por su presencia en las pantallas. Para acabarlo no hay que cambiar las películas, sino las condiciones políticas, económicas de inequidad social que vive el país, solo de esa manera cambiará nuestra vida cotidiana y podremos contar otras historias”.
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